Las series, una adicción planetaria
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En quince años, las series televisivas se convirtieron en una adicción planetaria, el género mayor de la televisión. Cautivan a todo el mundo, desde chicos del secundario hasta cineastas como Jean-Luc Godard, fan de Doctor House, desde madres amas de casa hasta universitarios.
Incluso los más refractarios, los que directamente no tienen televisores en sus casas, los que califican despectivamente a la televisión como “canilla de imágenes”, descubrieron que tenían una inclinación hacia este tipo de programas. De hecho, las series confirieron a la pantalla chica la legitimidad intelectual que le faltaba. En menos de cinco años, hicieron su ingreso en la universidad, donde ahora son estudiadas y disecadas por profesores de diversas disciplinas. Esta pasión fue impulsada por la renovación de las series estadounidenses, que son creaciones más impactantes, o que juegan con esa larga duración que sólo el folletín permite para construir pinturas sociales y frescos históricos ricos en detalle y con ambigüedad psicológica. En suma, megafilmes.
La hegemonía de las producciones anglosajonas disimula el hecho de que, poco a poco, van emergiendo nuevos países en el mercado mundial. Es el caso, por ejemplo, de los países escandinavos, Gran Bretaña, Israel, Brasil e Italia, que actualmente producen obras de calidad que se exportan bien.
En Francia, los canales de televisión fueron reduciendo paulatinamente los espacios dedicados al cine y ahora privilegian la ficción serial antes que las películas para televisión. Esta cultura popular y globalizada -una misma serie puede difundirse simultáneamente en 120 países como sucedió en noviembre con The Walking Dead- se propaga a todas las pantallas.
Las series se pasan por televisión, obviamente, y se ven en el teléfono portátil, pero sobre todo en la computadora, por ser la Web el lugar de intercambios y de consumo masivo de las series televisivas más pirateadas que el cine.
Fuente: Clarín
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